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Sus tareas eran conducir a los más rojos de los rojos de un imperio que se extendía desde el Oceáno Pacífico hasta el Mar Baltico, o desde el mismo Polo Norte hasta Alemania, Austria y China. Los Shaika, "gaviotas" eran nada más que para los miembros del Politburó y los del Secretariado del Comité Central del Partido Comunista de la patria del proletariado. Una manera de evidenciar a las claras que allí todos eran iguales, pero algunos más iguales que otros, e incluso exageradamente mucho más iguales, lo cual ni siquiera se le ocurrió a George Orwell.
Luego venían los Volvo, símbolo por igual de poder; vehículos que estaban a disposición de los funcionarios de rango del partido de alto y mediano nivel pero no a los alturas inalcanzables, como el vuelo de las gaviotas, tal como eran capaces un Leonid Brezhnev, o un Mijail Suslov, su celoso Torquemada ideológico, cuyos nombres han sido justicieramente olvidados por esa misma historia de la cual se decían los timoneles.
Esas "gaviotas" corrían raudas hacia las afueras de Moscú donde se encontraban las dachas, mansiones de campo, de los líderes mundiales de la clase obrera. Para ver los carros de esos pocos privilegiados había que ir a la puerta de Spassky, que conducía directamente a los recintos sagrados del Kremlin, tras dejar atrás la Plaza Roja, llamada así por los ladrillos de ese color.
La época ya quedó atrás, pero hasta la segunda semana de este mes de diciembre del año 2005, sobrevivió uno de sus últimas reliquias, la propia marca de automóviles Volga, fabricante de aquellas Shaikas tan discordantes con la idea de igualdad que decían representar sus poderosos usuarios.
La noticia del fin de la marca de autos Volga fue lacónica y dura por su brevedad: Volga dejaría de fabricarse en el año 2007 tras medio siglo de existencia, aunque la fábrica que las producía, GAZ, seguiría produciendo vehículos automotores, siempre que fueran suficientemente buenos.
Una nota de prensa del diario británico Times, al narrar la explicable desaparición, catalogó al Volvo como un carro " crónicamente infiable".
Según el fabricante del modelo, la empresa GAZ, Volga se distinguía por su "elegante carrocería, poderoso motor y espacioso interior". Toda su producción en la época del imperio era dedicada a las necesidades del partido y el gobierno. El otro carro, al cual podían acceder los ciudadanos comunes del país, eran el Lada Zhiguli, una versión rusa del Fiat, mejor que el despatarrado "Moscovita," famoso por sus excesos de calenturas, e inigualable talento para dejar que sus ejes se partieran en los momentos menos apropiados, además de que sus motores no solían encenderse en temperaturas gélidas de Rusia.
En un mundo en que cada vez se volvía más difícil sobrevivir desde el punto de vista económico, el viejo Volga no consiguió detener la arremetida de los carros mejores y más baratos que llegaban desde el extranjero, especialmente desde Japón y Corea. Un vocero de la fábrica Gaz, al reconocer el fracaso tecnológico y comercial del Volga, dijo: "La visión estratégica para el desarrollo de la empresa es que debe producir en su mayoría buenos productos", un tibio reconocimiento de que el Volga no servía para nada.
La noticia de la cesantía del Volga causó consternación en Rusia y de acuerdo al Times la compañía se vio inundada por miles de emails tant de protestas como de lamentos nostálgicos por el suceso.
A un precio increíblemente barato de $7,000 Volga nada más que pudo vender 50,000 unidades en el año 2004, mientras que Ford, por ejemplo, sin ser uno los que ocupan una gran tajada del nuevo mercado ruso vendió 60,000 de sus productos.
Hasta el actual mandatario de Rusia, Putin, pudiera estar enlutado, pues uno de sus orgullos es su Volga de 1956, el primer año de producción. Tal es su amor por el carro que hasta invitó al presidente Bush a disfrutarlo durante su última visita a Moscú en el mes de mayo del 2005. Diplomático de ocasión, Bush bromeó: "se porta tan bien que decidimos dar otra vuelta".
La fábrica de vehículos automotores que producía (produce aún) el Volga, llamada "Gorki" fue fundada por Stalin en el año 1930 con la ayuda de Ford Motor Company. Su primer carro de pasajeros, el GAZ-A de 1932 estaba basado en el Ford A.
A mediados de esa misma década sus ingenieros dijeron abandonar el prototipo norteamericano y comenzaron a producir sus propios modelos que siempre, o casi siempre, fueron copias de otros extranjeros, incluso el Volga Pobeda 1946, elogiado en algunas partes del mundo, aunque no era otra cosa que una réplica de un Dodge-Plymouth de la época.
Una galería de fotos que recoge lo más notable del recorrido de la marca Volga, puede encontrarse en: Galería de fotos de Volga evidencia una época pasada
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