La fortaleza rodante de Al Capone



Cadillac 1928 que el gángster convirtió en invulnerable

Autor : Miguel A. Sánchez/Phoenix, Arizona
Fecha : 20/01/2006


¿Cuál es la diferencia entre un carro de gángster de una película y otro de la vida real? Mucha a favor de los matones.


Un Cadillac de 1928 que perteneció al famoso Al Capone y que fue puesto a la subasta en Arizona dejó pequeño en cuanto imaginación a los más fecundos cineastas de Hollywood. Lo que todos recordamos de las escenas cinematográficas sobre los carros de pistoleros es el arsenal de ametralladoras que sale por las ventanas, pero en la vida real los mafiosos de Chicago eran mucho más precavidos y disparaban a través de orificios en los cristales con espacio nada más para el cañón de sus armas. En definitiva ¿de qué valía toda la furia de sus automáticas si carecían de protección contra las respuestas de sus enemigos? El carro de Al Capone evidencia que el "padrino" de la mafia de Chicago las pensaba todas ante de salir a recorrer sus dominios. Su vehículo, una fortaleza rodante, era un verdadero compendio de artefactos diseñados a gusto propio tanto para escapar de perseguidores como para ponerlos fuera de circulación. El Cadillac de Al Capone resultaba tan enciclopédico en su parafernalia bélica que las películas de James Bonds o "Batman" jamás consiguieron acercársele en cuanto sus detalles, si exceptuamos el peligroso asiento que lanzaba al aire al agente 007, o los lanzacohetes del hombre murciélago. Lo menos que necesitaba Capone era que lo catapultaran para caer en medio de sus adversarios . Para comenzar, se trataba de uno de los carros más potentes de la época, un Cadillac 341 de cuatro puertas 1928, el primer gran aporte de Harley Earl, el hombre que creó la idea del "carro conceptual", a General Motors. Tan poderoso resultaba que se podía montar con facilidad en 120 millas por hora en segunda o tercera velocidades, justamente lo imprescindible para una rápida huída. Capone ordenó una plancha de acero de un cuarto de pulgada para toda la cabina y protección aún mayor frente al radiador y el tanque de gasolina, que estaba colocado en la parte de atrás del vehículo sobre el guarda choque, y que simulaba un enorme baúl de equipaje, con capacidad para 40 galones, necesarios todos, pues con un peso mayor de 9,000 libras el vehículo apenas lograba unas diez millas por galón de combustible. Todas las ventanas del carro estaban equipadas con cristales antibalas de cuatro capas con orificios para los cañones de las ametralladoras Thompson que eran las preferidas de la pandilla. En el caso del cristal de atrás se podía bajar para hacer más fáciles los disparos, pero tenía la desventaja de disminuir el escudo de protección, por lo que es posible que Capone nunca permitió que lo fuera, si tomamos como evidencia de que murió de muerte natural a los 48 años, y no de una balacera en el clímax de su reinado a finales de la década de los 20 del siglo pasado. Para escapar de los fastidiosos perseguidores el Cadillac de Capone disponía además de huecos debajo de las alfombras, por los que se tiraban cientos de puntillas para reventar las llantas de los carros de sus enemigos, y hasta podía crear una cortina de humo para desaparecer en medio de la nube negra. Esto último se lograba de una manera muy artesanal mediante un pequeño recipiente de aceite que dejaba caer gotas del líquido sobre los recalentados tubos de escapes de los gases del motor. Si las correrías eran de noche el carro disponía de un control especial que apagaba las luces traseras. El Cadillac 341 de Capone estaba pintado con un color que entonces denominaban "Verde de Carreras Británicas" el mismo que utilizaba la policía de Chicago, por lo que podía ser confundido con un carro oficial. Por supuesto tenía una sirena como los patrulleros, de manera que tras una travesura gansteril nadie se extrañaba de ese automóvil que a toda velocidad y aullando como un condenado se abriera paso entre las concurridas avenidas de la ciudad. El carro de Al Capone era tan perfecto en sus detalles de protección que cuando el mafioso fue condenado a la cárcel por no pagar al Tío Sam los impuestos que le correspondían, el vehículo fue confiscado y enviado directamente a la Casa Blanca donde fue utilizado como parte de la caravana de guardaespaldas del presidente Franklin Delano Roosevelt, quien según crónicas disfrutaba mucho la ironía de viajar seguro en el carro del gángster, que para ese tiempo estaba alejado de cualquier tipo de paseo en autos en su celda de la prisión federal de Alcatraz, en San Francisco. Fotos cortesía de la subasta R&M


 
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